Lirios
Llega la hora de los lirios empapados de sucia brea que caracolean bajo una marea histérica y claman justicia de un dios obsceno que sólo se ríe mientras logra que los hombres y mujeres de todo un mundo se masturben sin pensar en amar un lirio empapado de sucia brea que calafatea la marea histérica y amenaza con tragárselo todo y deglutir hasta a todos los dioses, los obscenos y los demás también que caracolean y penan hasta el infinito que los rodea sin piedad y entonces un lirio se desnuda y muestra un pecho hermoso mientras los demás se retuercen en una noche sin fin que está empañada en el vaho peligroso de un bajío que agoniza por la llegada de una hueste de monstruos obscenos y sin dios que lo único que quieren imponer es una amor sin infinito y buscan el regalo eterno de un minuto de amor y llegan y arrasan los lirios que ni siquiera sufren porque la brea empapa sus fibras y sus estúpidas redes neuronales que se aquietan para recibir a la muerte mientras huelen su pelo perfumado de agua de mar y de rosas y de brea.¤ ¤ ¤
La Mujer
(Este poema debiera leerse con rapidez extrema)
La mujer bebe cerveza mientras contempla el abismo que se abre bajo su barbilla, una jarra inmensa y un enorme cigarro de marihuana o de otra cosa quizá más peligrosa, quizá más abismo pero le igual un día junto al mar la mujer fue casi feliz y es lo mejor que podría pedir pero su casi felicidad se murió degollada en una noche, a oscuras, sin alevosía y buscó un abismo muy grande capaz de tragársela entera y ninguna jarra de cerveza es lo bastante grande y quizá incluso ningún abismo encerrado en papel de liar o en artefactos más sofisticados sea lo bastante grande para comer toda la inmensa cantidad de porquería que la mujer porta como un poco todos nosotros, los espectadores condescendientes de un drama anónimo en una noche anónima, perdida entre miles y miles de noches anónimas y la mujer regala a los vientos, a las basuras a todo el que quiera aceptarlo sin darle importancia, a las ratas, a una balada agridulce que suena en un destartalado aparato de música de esos que tienen muchas lucecitas y que parecen buenos y caros le regala al mundo en general, al mundo que no mira y que no siente nada y que no comprende al igual que todos nosotros los espectadores anónimos que no comprendemos nada porque el dolor es algo profundamente desagradable y la ignorancia no es cómoda pero es agradecida y no aceptamos nada que la mujer nos dé pero ella regala sin codicia regala abierta y no le importa a quién y ella regala la vida que le resta por vivir, pero nosotros no la cogemos y queda desparramada como un vómito asqueroso sobre el pavimento gris que al final es el que menos entiende de todos.