a Schopenhauer y Kierkegaard, que habitan en el reino de la angustia. I. Uno no puede cambiar la letra de la canción que Dios le canta. Uno llama cansancio, destino o libertad al gran vacío que va tejiendo con sus células, mientras convierte su lamento en el motivo de su angustia. Como una abeja en agridulce solitario uno descubre que no puede, después de mil intentos, que no puede, cambiar siquiera su forma de reír o de llorar. De qué sirven entonces los manuales, los espejos y recuerdos, si al fin y al cabo se nos muere siempre en el momento exactamente imprescindible cuando nos es terriblemente necesaria, toda la claridad de la esperanza. II. A su derecha está el cielo, a su izquierda está el infierno. el hombre es un Dios eterno lleno de poder y anhelo. El cielo está a su derecha, el infierno está a su izquierda, y la eterna luz lo acecha para que no se le pierda. III. Mientras bebo este café (cinco minutos de pausa) pienso en la vida, en la fe, en las cosas y sus causas. Pienso que el mundo no es tan triste como parece. Es cierto que está al revés pero se endereza a veces. Tengo la angustia y la muerdo, la hiero bien en el centro. Cuando en la angustia me pierdo, gracias a la luz me encuentro. En el universo yo tengo el tamaño de un grano. Es bueno que exista Dios, porque no basta lo humano para ascender y llegar al verdadero camino. No te canses de buscar hombre, que ese es tu destino.
© Tomás Burgos Breve reseña biográfica del autor:
Tomás de los Reyes Burgos Ariosa (Ciudad de la Habana, 1967).Poeta.
Ha participado y obtenido premio en varios concursos poéticos Cubanos. Ha participado en programas radiales de alcance nacional. Inédito. Tres libros escritos. Graduado de licenciatura en Matemáticas en la Universidad de la Habana.
Dirección postal: apdo. 6142, la Habana 6, cp 10600, Cuba.